La Graciosa
La Graciosa es el mayor de los islotes que componen el Archipiélago Chinijo, tiene una extensión superficial de 27 km2, con un censo de 658 habitantes (enero 2006). Políticamente pertenece al municipio del norte de Lanzarote, Teguise Forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo y de la Reserva Integral de Los Islotes. Al igual que el resto de las Islas Canarias su origen es volcánico. La Graciosa esta situada cerca de uno de los bancos de pesca más ricos del mundo, y esta es la principal fuente de ingresos de sus habitantes. Es una isla llana, donde destacan cuatro conjuntos volcánicos bien diferenciados, siendo el complejo de Las Agujas, con sus 266 metros de altitud, la máxima cota.
En el sur de La Graciosa predominan amplias playas de arenas rubias de gran belleza, como las de la Cocina y la de los Franceses. También en el litoral, se localizan los dos asentamientos de esta isla: Caleta de Sebo y Pedro Barba. El primero constituye el núcleo tradicional, mientras que el segundo es una pequeña urbanización turística. Los dos pueblos miran hacía Lanzarote.Caleta de Sebo esta formada por un conjunto de casa blancas y calles de arena. Caleta de Sebo cuenta con unas modernas infraestructuras tanto marítimas como terrestres, así como con todos los servicios (colegio, centro de asistencia sanitaria, farmacia, oficina municipal, sucursal bancaria, etc.), es decir, reúne los servicios imprescindibles para disfrutar e unas vacaciones tranquilas. Caleta de sebo fue fundada a mediados del siglo XIX debido a que loss primeros pobladores de La Graciosa llegaron para trabajar en la factoría de salazón decidiendo quedarse a vivir definitivamente en las isla tras el cierre de la empresa. Pedro Barba es el segundo asentamiento humano que colonizó la isla de La Graciosa, hoy transformado en un exclusivo y privilegiado núcleo vacacional. Los fundadores de Pedro Barba llegaron en una segunda oleada de familias, que decidieron seguir el ejemplo de los habitantes de Caleta de Sebo. Desde los años treinta hasta los sesenta del siglo XX, esta pequeña aldea de casas bajas, de muros gruesos, de luz exuberante y de mar generoso se transformó en un lugar paraíso hacia donde se dirigió la emigración lanzaroteña.
